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martes, 11 de agosto de 2009

¡AL FIN!

Por fin he acabado el último trabajo. La semana en la biblioteca y los tres días en casa sin salir han tenido por fin una recompensa: la libertad. Y de momento que se contenten con eso porque no tengo claro que la nota vaya a compensar mucho. Lo bueno es que el curso ha acabado.

Y para celebrarlo, qué mejor que ir al Ayuntamiento a desapuntarse como ciudadana de Mainz, a la biblioteca a devolver tu carnet de socia y a la oficina de relaciones internacionales para exmatricularte de la universidad. Pues hay algo mejor: el deshacer (literalmente) tu casa. Las paredes, que últimamente habían estado cubiertas por fotos, florecillas, hojas, calendarios de viaje y demás han vuelto al blanco original. Hasta los estantes se han quedado vacíos. Y todo un año se reduce a tres maletas (dos de ellas pequeñas). Bueno, y alguna caja pequeña más que caerá seguro. Pero poco más.

Aquí en Wallstrasse ya solo quedamos Viktoria, mi fiel amiga y últimamente-debido-a-los-odiosos-trabajos ya no compañera de viajes en bici. Pero, en momentos de escasez, las dos nos bastamos. Enlazamos un tema con otro y nunca llegamos al final de las historias: eso es amistad. Y cuando nos damos cuenta, pues nos reímos y a hacer memoria de por dónde íbamos :).

jueves, 12 de febrero de 2009

EN EL MOMENTO MÁS OPORTUNO

Por qué será que las mejores ofertas llegan cuando hay que estudiar. Esta mañana, por ejemplo, nuestra querida coordinadora de ERASMUS de la Universidad de Mainz nos ha mandado un boletín con informaciones sobre las próximas fiestas:

This Friday it comes again:
Oberstadt Bar K1 presents the 3rd edition of the EUROPAREISE III PARTY (travel trough Europe)
Drink trough Europe!

Itinerary:
1. Germany 21:00 - 22:00 Beer 1 Euro
2. Italy 22:00 - 23:00 Wine 1 Euro
3. Spain 23:00 - 24:00 Sangria 1 Euro
4. Polen 24:00 - 01:00 Wodka 1Euro
5. Griechenland 01:00 - 02:00 Ouzo 1 Euro

As always in the K1-Bar!


Es decir, ¡emborráchate por Europa! Cada hora, las especialidades alcohólicas de un país por un euro. Eso sí es fomentar la multiculturalidad, oye.
Pero para mí hay ofertas más tentadoras que un vaso de vodka. Y es que mi querida Viktoria conoce mi debilidad por el chocolate, así que me ha mandado el siguiente mensaje por el Facebook:

Estoy haciendo una tarta de chocolate para gurmés para la fiesta de cumpleaños de mañana y necesito a alguien que pruebe la salsa de chocolate. ¿Te interesa? (Toda mi cocina está llena de chocolate y acabo de empezar)”.

Y cualquiera se resiste a una tentación tan grande, y más cuando la cabeza te va a explotar porque has llegado al límite de palabras económicas por día. He llegado a su casa en un plis plás, corriendo y dando saltos por los pasillos como una niña. He probado el chocolate con licor para la base, el chocolate fundido, el chocolate puro en barra, y hasta una capa de chocolate y limón.

Y también he ayudado a preparar la tarta y a recoger luego, porque su casa estaba literalmente invadida por chocolate y por productos con azúcar en general. La recompensa: rebañar todos los cacharros. Jajajajaja… eso es vida.

PD: Me voy a Oslo con Carolina y me encantaría subir aquí (fiordo Preikestolen).

PD2: Ayer me hice una sopita de ajo sin pimentón y aunque no se pasaba me supo a gloria!

PD3: La semana que viene en Hamburg voy a ver el musical de El Rey León. Aquí tenéis el tráiler, para que os muráis de envidia.

PD4: ¡Qué emoción!

lunes, 12 de enero de 2009

LA FIESTA DEL SIGLO

Tres cumpleañeros, un sótano ya no tan vacío, una bolsa de globos, un cubo de fregar el suelo lleno de sangría, unos cuantos sándwiches y demás guarradas, música (y karaoke, como no)… y al principio éramos veinte personas. No había venido casi nadie, pero luego resultó que fue porque se imaginaron que los españoles no estarían preparados a la hora (lo hemos demostrado ya demasiadas veces).

Una hora más tarde la fiesta se fue animando, sobre todo cuando llegó la legión de españoles de Hechtsheim, que cogieron los micrófonos y nos cantaron Melendi, Mecano, Hombres G, entre otros. Mientras, Sophie y Miguel reponían la sangría del cubo, que se acabó varias veces, Carolina ejercía de anfitriona saludando a miles de personas que nosotros no conocíamos,…

Fotos en el baño, fotos cantando, fotos jugando al billar, fotos haciendo un montonet en el sofá del bar, fotos limpiando manchas de vino, fotos sentados hablando y papas con sabor kebab completo…

A mitad noche, llegó un grupo y reconocí al que empujó a Sören en Halloween, así que nos fuimos hacia fuera, porque la policía le había dicho que se había ido de Alemania, y que caso cerrado. Después de una llamada, vino la policía y, para no tener que bajar con ellos y señalar al chico, bajé para fijarme en cómo iba vestido. Y nos escondimos mientras iban a por él y le pedían la documentación. Otra vez las caras largas a mitad fiesta. Pero esta vez se solucionó, porque el chico se fue y pudimos bajar a la fiesta.

La gente se fue yendo poco a poco, y al final quedamos los de siempre: Sören, Miguel, Sophie, Carolina, Lukas, una francesa y yo. Unos durmiendo en los sofás, otros bailando y cantando a voz de grito hasta las seis.


 

 

 

 
Posted by Picasa


Al día siguiente, unos con más dolor de cabeza que otros, a recoger los restos de una larga noche. Dale que te pego al suelo con el trapo, limpiar los baños, barrer, sacar la basura,… Eso sí, luego, para compensar, Miguel nos invitó a comer arroz a la cubana en su casa. Vimos las fotos de la víspera, la película Entre tinieblas, de Almodóvar (menudas “monjitas”), durante la que invadí de nuevo la cama, y a recoger.


martes, 6 de enero de 2009

DE VUELTA

Tras unas vacaciones muy, pero que muy familiares, en las que no he tenido tiempo de hacer todo lo que pretendía en un principio ni de ver a todos los que me hubiera gustado... he vuelto a Mainz. Con menos ganas de las que imaginaba, porque en Valencia se está muy bien, pero con fuerzas para afrontar el final del semestre (o eso espero, porque si no voy lista).

La llegada a Mainz fue bonita, porque las calles estaban todas cubiertas de nieve, y encima no hacía un frío excesivo (0°C). La Wallstrasse (mi calle) estaba preciosa...a los árboles ya no les queda ni una sola hoja, y todas las ramas estaban cubiertas con un manto blanco, como si quisieran abrigarse. Precioso precioso. Además, la nieve era polvo, así que me entraban unas ganas de esquiar...

Lo malo de este estado es que no se celebran los Reyes Magos (en Bayern sí), así que las clases empezaban ayer día 5. Total, que nada más deshacer las maletas y hacerme una comida de la que no estoy orgullosa (pero que teniendo en cuenta que mi casa estaba casi vacía no estaba tan mal) me tocó irme a clase. Al final no fue tan grave, he de reconocerlo, pero ganas no había ninguna.

Hice la compra de la semana (o de la quincena, incluso), y me fui a casa a cocinar porque teníamos una cena-reencuentro Miguel, Carolina, Sören y yo. Se hizo lo que se pudo, pero he perdido práctica cocinando y se nota.

Y hoy, -7°C de bon matí. Qué frío... La nieve se ha empezado a convertir en hielo, y ahora sí que ya no me atrevo a coger la bici. Eso sí, estoy descubriendo que nuestro nueva línea de autobús funciona a la perfección. Calentita, sentada, y en 7 minutos en el campus. Y no hace falta sudar la gota gorda para subir la Wallstrasse.

lunes, 10 de noviembre de 2008

SINGSTAR EN CASA

Anoche fue una gran noche. Damian (sin acento, que el nombre es polaco-alemán) me dejó el programa Ultrastar, una especie de Singstar descargable en internet. Además, me ha pasado todas las canciones que tiene, así que ya formo parte del grupo de los que cuando se aburren cantan en un karaoke!

Ahora los vecinos tienen que temerme, sí, porque anda que qué risas y qué desafinos anoche… primero sobre las nueve con Damian y Miguel y luego a las doce pasadas con Carolina… Ja, ja, ja. Desde luego, una buena manera de aprender alemán. Ya estoy pensando cómo conseguir dos micrófonos (porque Damian dice que me los deja pero no es plan de abusar). Y que España se prepare, porque estas navidades voy a ser una hacker de las canciones de karaoke.




A otra cosa, mariposa. Qué bien estar en el momento indicado en el lugar indicado. Que nos lo digan a Miguel y a mí, que nos quedamos alucinados cuando Jerzy (pronunciado Ieshu) nos pidió por favor que fuéramos con fiambreras a su casa para llevarnos comida, porque había sobrado de la fiesta del vodka de la noche anterior.

Por lo visto se juntaron en su habitación cuarenta personas (en el cumple de Miguel éramos diez y ya estaba llena), y una amiga que trabaja en un cáterin llevó toda la comida que había sobrado de una fiesta. Y allí estábamos los dos, alucinando cuando Jerzy sacó de su nevera un mouse de mango, una macedonia, una salsa de maíz y alubias, curry con piña, ensalada de pasta, queso,… Ya tenemos comida para los próximos dos días.

viernes, 7 de noviembre de 2008

THE SHOW MUST GO ON

La semana ha pasado entre clases y visitas al hospital. Al principio con miedo de qué pasaría con los dos nervios y los tres tendones rotos de Sören y luego con ganas de que le dieran de una vez en alta. Vale que aquí los retienen más que en España, pero aún así una semana da para mucho. Para paseos alrededor del hospital en zapatillas de estar por casa, para pasteles de moras en la cafetería, para darse cuenta de lo difícil que es abrocharse una chaqueta con un brazo escayolado,… Y también para echarse una risas porque Sören ha aprendido a decir “Me la pela” o porque siempre olvida la palabra calcetines.


Esta semana hemos descubierto lo bien que puede sentar una pequeña siesta (Mittagsschläfchen) en la hierba de al lado de la Mensa. Mirando un cielo que es gris sin más, porque está tan cubierto de nubes que ni siquiera se ven. Los alemanes nos miraban con cara rara, pero porque no saben lo que se pierden ;). Y qué feas las vistas de los profesores de esa facultad, y qué funcionales las terrazas de aquél.


James, mi amigo americano, me enseñó Inter I, la residencia en la que vive. Está en el campus universitario y cada piso comparte cocina, baños y sala de estar. Lo más impresionante, el ascensor forrado de corcho porque el año pasado se descolgó (sin gente dentro, afortunadamente). Está todo lleno de firmas y comentarios en alemán, para entretener a los forasteros que tenemos que usarlo y que no nos entre el miedo al pensar que aún quedan tres pisos allá dentro.




Y aquí está la presentación oficial de mi bici, bella, reluciente y verde :)

lunes, 3 de noviembre de 2008

FIESTA EN EL SÓTANO

Iba a ser un día tranquilo, más que normal. Pero al aparcar las bicis hemos oído música en el sótano. No puede ser, que han abierto el bar ¡y no nos hemos enterado! Falsa alarma, al bar aún le queda un mes y medio según una fuente fiable. Era una fiesta de cumpleaños en la sala que me dio cobijo cuando aún no tenía internet en casa. Con montones de comida y montones de bebida. Cerveza por aquí, cerveza por allá.

Con poco disimulo nos hemos colado dentro, pero hemos sido bien recibidos. Y de ahí, a cantar en el karaoke. Ha sido genial, porque he cantado a pleno pulmón y además me daban premios por ello. Y claro, con lo que me gusta a mí cantar, no es de extrañar que acabe de llegar a casa (6.23).

Gib mir die Hand, ich bau dir ein Schloss aus Sand, irgendwie irgendwo, irgendwann…

Y si te gano, pídeme la revancha :)

Memorables las canciones sobre los Jägermeisster y sobre por qué no hay que abrir la puerta de casa cuando llaman.







miércoles, 1 de octubre de 2008

UN GRAN COMIENZO

Nos hemos levantado a las cuatro de la madrugada, porque Carolina y yo queríamos coger el primer autobús que saliera hacia Mainz para llegar pronto a la residencia. Cuando fui con Vicente me avisaron de que se llegaban a montar colas de trescientas personas, así que pensamos que valdría la pena. Una vez más, hemos cogido el bus por los pelos (me ha tocado estrenar mi alemán chillando Halt! Bitte! (¡Pare! ¡Por favor!)), y cuando hemos llegado a la estación central de Mainz ni siquiera había amanecido como aquel que dice.

Nos hemos imaginado que no habría nadie tan loco como para estar ya en la cola, así que hemos ido a un bar de la estación (Yorma’s) a desayunar. La televisión nos ha recordado en qué país estamos, y no solo por el idioma, sino porque la previsión meteorológica para los próximos tres días es lluvia, lluvia y más lluvia.

Sobre las 6.30, después de descubrir que en Alemania también hay que pagar por hacer pis, hemos salido hacia la residencia. Como esperábamos, no había casi nadie. Éramos las cuartas en la cola, así que a las ocho ya estábamos en nuestra casa. Al principio parecía un trastero, con la mesa puesta encima de la cama, y ésta volcada; pero poco a poco, con la ayuda de Carolina, he ido dando forma a mi nuevo hogar.

El primer descubrimiento es que por no haber, no hay ni papel higiénico. Total, que a las nueve de la mañana ya estábamos de vuelta del supermercado Aldi (que está de camino a la universidad) con mil productos de limpieza, pan y papel. Me he guiado totalmente por Carolina: producto que compraba ella, producto que compraba yo. Y pensar en que hasta ahora había sobrevivido sin saber que había que usar un producto diferente para los cristales, la encimera metálica, los cristales, el suelo,…

A las once, después de haber limpiado toda la casa, hemos hecho un segundo viaje a por comida. No hemos podido comprar mucho, porque no disponemos los ingredientes necesarios: no tenemos ni olla ni sartén. Así que un poco de queso por aquí, un poco de jamón por allá y apañado.

Por la tarde hemos ido al centro y nos hemos dirigido directamente hacia Kaufhaus, el gran todo-a-cien de Mainz. Se puede encontrar prácticamente todo, y casi hasta supera a los chinos de mi casa, pero no :). Allí hemos cargado una maleta vacía con el resto de utensilios de cocina: una olla, palas, cucharas, mantelitos con servilletas a juego, escurridores,… Me da a mí que nuestras casas van a ser iguales… Afortunadamente, Sören, el TOM Tutor de Carolina, nos ha ayudado a elegir qué color iba mejor con ese tono de naranja y nos aconsejaba en el resto de asuntos cruciales que estábamos resolviendo allí.

Iba a subir a casa a dejar todo, pero he visto cómo se iba el autobús, así que hemos entrado a Besitos, donde también estaban Nuria y Patricia, las otras dos “proyectos de periodistas” valencianas que están de Erasmus aquí. Están alojadas en Hechtsheim, y finalmente no les han dejado vivir en el mismo apartamento, así que están bastante desencantadas. Nuria, cuya compañera de piso aún no ha llegado, dice que como no sabe mucho alemán le dirá siempre “Tú putzen, putzen” (Tú limpiar, limpiar). Menudas risas.


A las ocho había quedado con Carina para recoger mis maletas de su casa, y para hacer tiempo Sören nos ha llevado a su casa. Le he envidiado, la verdad, porque todo parecía tan lleno al lado de mi triste casa vacía y blanca… Allí hemos conocido a Marina, su compañera de piso, que se fue enseguida a una Dildoparty.

Yo tampoco sabía lo que era hasta hoy, no te preocupes. Se trata de una palabra compuesta por Dildo (vibrador que funciona sin pilas) más Party (fiesta). Por lo visto se reúnen varias personas (en este caso, cinco chicas) en una casa, a la que acude la Dildofee (hada del Dildo) con todos sus productos. Durante unas horas los enseña y explica cómo funcionan, y después, si estás interesad@, puedes comprar algo.

Alucinante, la verdad. No tenía ni idea de que eso existiera, y quizá para que acabara de creérmelo ha llamado Marina preguntándonos a Carol y a mí si queríamos ir. “Pues sí, pero hemos quedado ya, así que es imposible. Es una oportunidad única, lo sé. Esto no pasa todos los días, y además la Dildofee ha salido en televisión, pero es que ¡necesito mi ropa de abrigo!”

Hemos ido corriendo a casa de Carina y Benny, y les he dado ensaimadas del mejor horno de Valencia y una San Miguel bien movidita después de estar toda la tarde en mi mochila. Hemos recogido las dos maletas y Sören nos ha dicho que si nos dábamos prisa aún podíamos ir a la fiesta. Genial.

Tres maletas, una cesta gigante verde fosforito para la ropa sucia, dos escurridores y nosotros tres hemos corrido un par de manzanas. Cuando hemos llegado, la reunión aún no había comenzado. Las cinco chicas estaban sentadas alrededor de una mesita, con cosas para picar y bebidas. La Dildofee estaba en el círculo, un poco separada, y detrás de ella había una lona roja extendida en el suelo, bajo la cual se adivinaban algunos de los productos que nos iba a enseñar. Madre mía, el primer día en Alemania y ya empezamos así. Miedo me da.

La Dildofee iba sacando todos los productos de su empresa, desde vibradores hasta aceites de masaje, pasando por la pintura corporal y los Dildos. Los colores de los vibradores eran muy vivos -verde manzana, rosa chicle, azul celeste- y además tenían formas: que si un gusanito que con la nariz estimula el punto G, que si un topo con una flor en la mano,… Y yo con la risa y venga a hacer fotos, pero es que jamás me hubiera imaginado que me pondría un vibrador en la nariz para notarlo… :)

Dos horas más tarde, la mujer ha sacado el catálogo y hemos visto los precios (de cincuenta euros no bajaban). Carolina y yo nos teníamos que ir en ese momento porque si no perdíamos el último bus que nos lleva a la residencia (y llevábamos cuatro bultos), así que hemos pedido una tarjeta y a casa.

La experiencia ha estado bien, muy nueva, desde luego. Las cinco amigas me recordaban muchísimo a nosotras, chicas (DSV). No paraban de reírse, de hacer bromas entre ellas,… Xe, el primer día y ya os he echado de menos :). Pero bueno, otra vez será.

El vibrador verde se llama Paul y el rosa que aparece en el vídeo es Paul y Pauline.







A la residencia hemos llegado agotadas y casi a la una. Mañana tenemos InfoDays, una reunión informativa para todos los Erasmus que organiza la universidad de Mainz. El problema es que, una vez más, hay que levantarse pronto…

lunes, 22 de septiembre de 2008

UTILIDADES PARA VENIR A VERME

Ahora, con más calma, dejo algunos enlaces interesantes para todo el que quiera venir a verme:

Ryanair es la compañía más barata (puede salirte por 40 euros ida y vuelta si no coges ningún seguro, si llevas solo equipaje de mano y si seleccionas Check-in online). Ryanair afirmó hace poco que iba a cerrar su sede de Valencia, pero aparentemente lo que ha hecho es reducir el número de vuelos y cambiar los horarios.

Una vez en el aeropuerto de Frankfurt-Hahn, hay que coger un autobús. Al salir de la terminal encontrarás de frente un hotel (B&B Hotels (http://www.hotel-bb.com/), útil por si tienes que pasar allí la noche). Giras a la derecha y continúas andando al lado de la carretera. Una vez pasado el parking (a la derecha, gris), verás también a ese lado muchas paradas de autobuses. La correspondiente a Mainz es la número uno (la del final, a la derecha). El precio del billete es de once euros (dieciséis si haces ida y vuelta el mismo día), y no hay paradas intermedias.

Los horarios los puedes encontrar en: http://www.hahn-airportshuttle.de/ (Arriba le das a Fahrpläne, y luego a Mainz – Flughafen Hahn). Es importante saber que las ventanillas de Ryanair cierran 40 minutos antes del despegue (los autobuses, al menos cuando yo fui a Mainz, llegaban o tres horas o una hora antes del embarque), así que es un poco justito.

Desde la estación central de Mainz (Hauptbahnhof) puedes coger muchos autobuses y tranvías. Aquí está el link del mapa de transporte público: http://www.mvg-mainz.de/fileadmin/downloads/fahrplan2008/mvg-liniennetzplan_2008.pdf.

Para ir a la residencia Wallstrasse, en la calle Wallstrasse número 90-94, hay que coger el autobús número 9 en la dirección Mombacher Tor bis Wallstrasse/SWR, y bajarse en la parada Berufschulzentrum (de esto no estoy segura), así que pregunta antes al conductor. Se puede ir andando, está a media hora aproximadamente de la estación central, pero es cuesta arriba.

Para ir al hotel Contel (http://contel-mainz.de/ , en la calle Wallstrasse número 56, hace esquina), hay que coger el autobús número 9 en la dirección Mombacher Tor bis Wallstrasse/SWR. Creo que es la segunda parada, que se llama Sudwestrundfunk. De cualquier forma, mejor preguntar al conductor. También se puede ir andando, está a 10-15 minutos de la estación central, pero es cuesta arriba. Este hotel es más caro que el albergue, y una habitación cuesta 85 euros, con desayuno NO incluido. Tienen una oferta para los fines de semana, y una habitación (simple o doble) cuesta 69 euros con desayuno incluido. Me falta averiguar si los 69 euros son por persona o por habitación (esto es lo más probable).

Para ir al albergue juvenil (Jugendherberge, http://www.jugendherberge.de/de/jugendherbergen/visitenkarte/jh.jsp?IDJH=411) se pueden coger el 62, el 63 y el 92. Yo cogí el 62 (para en la misma manzana del restaurante Besitos, enfrente de la estación) y hay que parar en AmViktorstift/DJH. Según te deja el autobús, retrocedes unos diez metros y a mano derecha está la calle Am Viktorstift. Continúas por ella y al llegar a la bifurcación vas por la izquierda. Encuentras de frente el parque Volkspark, y a mano derecha hay una callecita. Al final está el albergue. El check-in se hace hasta las doce de la noche, y las habitaciones hay que dejarlas (para el check-out) a las 9.30. Es conveniente tener el carnet de International Hostelling (alberguista internacional, se hace en el IVAJ y cuesta unos seis euros), porque si no te lo tienen que hacer en el momento y te lo cobran (si solo vienes un fin de semana te da igual, porque el precio es el mismo). La noche, con desayuno incluido, cuesta 24 euros y hay habitaciones individuales, dobles (literas), triples y cuádruples (más literas).

La oficina de información turística (Touristik) está en la calle Am Rathaus, número 1. Lo mejor (dada la horrible señalización que hay) es llegar hasta el ayuntamiento y subir al puente que cruza la calle principal. Desde la puerta de arriba del ayuntamiento, la oficina está en la planta baja del edificio en cuya fachada hay un reloj gigante.

jueves, 18 de septiembre de 2008

PRIMER CONTACTO

Aterrizamos ayer en Frankfurt-Hahn a las 20.25 (sí, ya escribo la hora como los alemanes) y por un golpe de suerte pudimos coger el autobús que salía hacia Mainz a las 20.30. No es que hayamos corrido hasta la parada (aunque por el frío que hacía seguramente no hubiera sorprendido a nadie que lo hiciéramos) , sino que el bus salió tarde, y el autobusero, aunque despotricando contra todo, nos dejó subirnos.


Dentro, silencio. No se oía ni cómo respiraban. Sí, hemos llegado a Alemania, y sí, esto es muy diferente a España. Vicente y yo nos sentamos al fondo, en la penúltima fila, y la atmósfera nos obligó a sumergirnos en nuestros pensamientos. Al menos él, porque yo me puse a hablar (y con el volumen español, no iba yo a renunciar a mis “principios patrios” a estas alturas) con una valenciana que trabaja en la universidad de Mainz desde hace doce años.

Lo más importante de la conversación es que descubrí que allí los alquileres pueden ser warm o kalt (caliente o frío). Warm significa que incluye todo los gastos, como la calefacción, el agua, el gas, la luz,… y kalt, que no. La verdad es que no tengo ni idea de qué tipo de alquiler tengo, pero será cuestión de preguntarlo, porque parece ser que allí vale la pena comprarse mil mantas antes que encender la calefacción, que según me contó la mujer es carísima.

Llegamos a la Hauptbahnhof (estación central) de Mainz, y las peores pesadillas de Vicente se cumplieron cuando bajamos del autobús y de Carina no había ni rastro. Bueno, pues vamos a llegar por nuestra cuenta al Jugendherberge (DJH, albergue juvenil). Diez minutos antes de salir hacia el aeropuerto se nos ocurrió mirar cómo ir hasta allá, así que solo sabíamos tres maneras, y eran el 62, el 63 y el 92. Encontramos la parada del 62, y ya íbamos a subir cuando Carina me llamó. Que la esperáramos en el restaurante Besitos, enfrente de la estación.

Entramos allí, y la verdad es que ese sitio era de todo menos español. La luz era tenue, la gente hablaba casi en susurros (éste no es un país para sordos), y las paredes estaban llenas de carteles en inglés anunciando corridas de toros. Solo faltaba que en los cartelitos del baño hubiera un torero y una sevillana para rematar un tópico típico… y así fue.

Cuando llegó nuestra salvadora (que además venía preparada con un mapa de bolsillo de Mainz y otro infantil), fuimos hacia el albergue (el billete de bus cuesta 2,20 euros!! Sablazo!). También ella tenía miedo de llegar más tarde de las doce, así que no se nos ocurrió otra cosa que, cuando el bus nos dejó a cinco metros de la calle donde estaba el DJH, comenzar a andar en la otra dirección. El tiempo iba pasando, y nuestra preocupación crecía, aunque la cosa no pasó de ahí y llegamos, sanos y salvos, a las doce menos cuarto.

Fuimos a la habitación y, mientras abríamos la puerta, los niños de la habitación de enfrente nos preguntaron si habíamos visto a algún profesor abajo. Ya me diréis qué pinta tiene un profesor, porque yo aún no los sé diferenciar del resto. Comprobamos que la habitación estaba bien, y que no íbamos a poder dormir juntos ni de coña (las camas son aún más estrechas en Alemania), y nos fuimos otra vez a la calle. Que por cierto, qué miedo dan. En aquella zona no hay casi farolas, las persianas de las casas están cerradas y parece un pueblo abandonado. Los cuatro (Benni, el novio de Carina, se nos había unido entretanto) a que pasara un autobús que los devolviera a su casa. Importante: allí pasan cada media hora, más o menos. Hacía tanto frío que acabamos haciendo tiempo en un banco (de los de dinero, por si había alguna duda), porque así al menos estábamos calentitos.

Aviso: El sonido de este vídeo está muy bajito, así que sube los altavoces.

Hoy nos hemos despertado con los portazos de los niños de anoche, que deben de ser de algún colegio, porque leí que el DJH tiene precios especiales para viajes de clase. Vicente y yo ya intuíamos que el día sería largo, aunque aún no sabíamos hasta qué punto…

Atravesamos los parques Volkspark y Rosengarten (el segundo es mucho más bonito) y llegamos al centro, donde descubrimos la mente perversa que tienen los alemanes, que ponen la oficina de información turística (Touristik Zentral) en un lugar al que es prácticamente imposible llegar si no se sabe dónde está. Nosotros fuimos unos de los pocos turistas que lo encontraron, pero gracias a que no abandonamos la búsqueda aunque ya hubiera preguntado a más de cuatro personas.

Vimos el ayuntamiento desde fuera, y hay que decir que es feo (muy gris) y que su arquitectura no tiene nada que ver con la del de Valencia. Entré en una tienda de T-Mobile para preguntar cuánto cuesta una tarjeta, porque quiero comprar un número alemán al que puedan llamarme mis futuros amiguitos y amiguitas. Y poco más.


Cuando llegamos a mi futura casa estaba nerviosa. Me hacía mucha ilusión ver una habitación por dentro y les pregunté a unos obreros si me dejaban entrar. Me dijeron que de ellos no dependía, pero que no habían visto nada, así que entré. Aquí tenéis las fotos:




Más tarde fuimos a mi nueva universidad. El Institut für Publizistik es horrible, aunque la facultad de Filología no es mucho mejor, así que no me quejaré. A estas alturas el cansancio ya se notaba, así que nos sentamos en un banco a dejar que el sol nos calentara un poco. Comprobamos que ese sol da, pero no calienta, y un poco defraudados nos fuimos hacia el centro, donde habíamos quedado con Carina. De camino pasamos por una tienda de colchones y vi que los nórdicos (200x135) y los almohadones (80x80) están muy baratos, así que he descartado la idea de llevarme el nórdico desde Valencia.



Me había llevado una lista de cosas que tenía que hacer, y la verdad es que el viaje no fue muy productivo en ese sentido. No me pude abrir una cuenta corriente porque no tengo el papelito del ayuntamiento que certifica que vivo en Mainz ni me compré un móvil alemán. A cambio vimos el Dom (catedral) desde fuera, una fuente preciosa de unos niños con paraguas (ayy, cuánto me va a llover allá que hasta hacen fuentes sobre eso), la Schillerplatz, donde comienza el carnaval el 11 del 11 a las 11 y 11, y hemos probado la Coupe Journaliste de una cafetería (Extrablatt). Qué helado, madre mía, qué bueno… Repetiré, sin duda.

Cenamos en un restaurante alemán los cuatro, y fue nuestra primera cena de parejas. Vicente no se lo acabó de pasar bien porque íbamos cambiando de idioma para que cada vez se enterara un novio. Yo acabé con la cabeza hecha un bombo de tanto traducir, menudo lío. Y bueno, me di cuenta de que no tengo ni idea de cómo se dicen en alemán los alimentos, las formas de cocinar y en general todas las palabras relacionadas con la comida. “Afortunadamente” esa no va a ser una de mis preocupaciones, porque la idea es cocinar en mi pequeña Kochnische.

Después aún sacamos fuerzas para ir a un bar literario muy mono (la verdad es que no tengo ni idea de dónde está). Un libro sobre cada mesita, algunos sofás, ambiente tranquilo,… Un buen lugar para perderse una tarde lluviosa…