Por fin he acabado el último trabajo. La semana en la biblioteca y los tres días en casa sin salir han tenido por fin una recompensa: la libertad. Y de momento que se contenten con eso porque no tengo claro que la nota vaya a compensar mucho. Lo bueno es que el curso ha acabado.
Y para celebrarlo, qué mejor que ir al Ayuntamiento a desapuntarse como ciudadana de Mainz, a la biblioteca a devolver tu carnet de socia y a la oficina de relaciones internacionales para exmatricularte de la universidad. Pues hay algo mejor: el deshacer (literalmente) tu casa. Las paredes, que últimamente habían estado cubiertas por fotos, florecillas, hojas, calendarios de viaje y demás han vuelto al blanco original. Hasta los estantes se han quedado vacíos. Y todo un año se reduce a tres maletas (dos de ellas pequeñas). Bueno, y alguna caja pequeña más que caerá seguro. Pero poco más.
Aquí en Wallstrasse ya solo quedamos Viktoria, mi fiel amiga y últimamente-debido-a-los-odiosos-trabajos ya no compañera de viajes en bici. Pero, en momentos de escasez, las dos nos bastamos. Enlazamos un tema con otro y nunca llegamos al final de las historias: eso es amistad. Y cuando nos damos cuenta, pues nos reímos y a hacer memoria de por dónde íbamos :).
